Es el elemento más antiguo y abundante del universo, existe en las estrellas, pero no es fácil encontrarlo solo, debido a su fuerte tendencia gregaria. Además, el hidrógeno puro solo está disponible en nuestro planeta en la forma molecular H2 (dihidrógeno), es decir, en conjuntos de dos átomos, los más pequeños y ligeros que existen.

 

Por sí solo, el hidrógeno no existe de forma natural en la biosfera. Buen compañero, se asocia con otros elementos, en su mayoría no metálicos, para permitir la vida en la Tierra. Combinado con el oxígeno es agua, donde se unen dos átomos con uno de oxígeno (H2O). Con el carbono forma metano (CH4), carbón y petróleo. Está en todo lo que crece (biomasa).

 

El primer elemento de la tabla periódica de la química moderna, que solo se vuelve líquido a temperaturas inferiores a -258,8 oC, tiene entre sus propiedades su excelente inflamabilidad, que obliga a manipularlo con cuidado, y el hecho de ser un buen portador de energía, es decir, una sustancia que contiene energía convertible en otras formas, como trabajo mecánico o calor. Solo emite vapor de agua, una gran ventaja sobre el carbón y el petróleo, que dejan residuos en el aire.

 

El hidrógeno puede producirse a través de varios procesos y pueden utilizarse diferentes fuentes de energía primaria. Actualmente, los más comunes son los combustibles fósiles, con el gas natural (70% de los casos) muy por delante del gasóleo y el carbón, y mediante el proceso de reformado, en el que el vapor de agua reacciona con el metano (gas natural) a altas temperaturas.

 

Con el precio de la energía renovable cada vez más competitivo, su uso para la producción de hidrógeno mediante la electrólisis del agua está ganando cada vez más interés, unido a las ventajas medioambientales inherentes.

El hidrógeno puede extraerse del agua mediante electrolizadores, máquinas que utilizan una corriente eléctrica para dividir sus dos componentes. Cuando la electricidad utilizada en este proceso (electrólisis) procede de fuentes renovables y sin emisiones de carbono, como es el caso de la energía solar o eólica, la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) es casi nula, por lo que este gas se conoce como "hidrógeno verde".

 

También se está teniendo en cuenta la biomasa, cuando se dispone de este recurso sostenible (pero limitado) en abundancia.

 

Las ventajas medioambientales del hidrógeno verde son innegables, en un momento en el que la mitigación del cambio climático y la lucha contra el calentamiento global han obligado a adoptar estrictos objetivos de descarbonización y se han convertido en un imperativo para la propia supervivencia de la humanidad. De ahí la inversión en investigación y desarrollo de técnicas de producción de hidrógeno, aumentando la competitividad económica de esta energía.

La alta eficiencia energética del hidrógeno, unida a su escasa contaminación, recomienda encarecidamente su uso en el transporte (pesado, marítimo y aéreo) y en la calefacción, sobre todo en lugares donde es difícil que llegue la electricidad.

 

Dado que el hidrógeno se produce en su forma molecular (H2), es posible liberar la energía presente en la molécula reaccionando con el oxígeno para producir agua. Esto es posible utilizando los tradicionales motores de combustión interna o con dispositivos llamados pilas de combustible. Esta capacidad de producir electricidad y agua potable de forma simultánea y sostenible, ha sido muy cómodo en las misiones espaciales.

 

Especialmente favorable es la posibilidad de transportar hidrógeno a través de los gasoductos existentes y otras redes de gas, mezclado con gas natural en una proporción de hasta el 15% (en volumen). De este modo, las actuales infraestructuras de gas natural jugarán un papel fundamental, permitiendo mayores niveles de incorporación de hidrógeno y, en consecuencia, de fuentes renovables en el consumo final.

Un aspecto muy ventajoso de la química basada en el hidrógeno es el potencial que tiene para descarbonizar gran parte de la industria petroquímica, funcionando como depósito de carbono.

 

Los hidrocarburos (que contienen hidrógeno y carbono) están presentes en casi todos los combustibles, plásticos, productos farmacéuticos y productos químicos industriales fabricados a partir de materias primas petrolíferas.

 

Cuando las tecnologías de captura y utilización del carbono evolucionen hacia una economía circular y descarbonizada, se necesitará hidrógeno (verde) para convertir el carbono capturado en productos químicos utilizables, como metanol, metano, urea o ácido fórmico.

 

Con el hidrógeno, el uso y la valorización del carbono serán una alternativa viable para las industrias en las que la descarbonización es difícil, como el cemento y el acero.

Respetando la misión de crear una empresa química innovadora y sostenible que contribuya a un mundo mejor, Bondalti ve en la producción de hidrógeno una oportunidad para aumentar las tecnologías avanzadas, inteligentes y eficientes, con bajo impacto ambiental, orientando la empresa hacia productos más cualificados y con mayor valor añadido.

 

En línea con los objetivos europeos de descarbonización y reindustrialización, Bondalti ha presentado el proyecto "H2Enable – The Hydrogen Way for Our Chemical Future" manifestando así interés para participar en el futuro Proyecto Importante de Interés Común Europeo (IPCEI) Hidrógeno

 

El proyecto de Bondalti destaca por abarcar la cadena de valor del hidrógeno, incluyendo la producción de energía fotovoltaica, la producción de hidrógeno verde para su venta directa en el mercado y la fabricación de amoníaco verde, así como la incorporación de estas materias primas en la cadena de producción de anilina.

 

En el caso del amoníaco verde, el proyecto "H2Enable" también pretende sustituir las importaciones por la producción nacional, posicionando a Portugal como exportador neto de este producto.